Es la playa, la sierra, son las llanuras sin fin; es el corcho, el aceite, el vino, es esa inmensidad abierta a la naturaleza sencilla, al romero y al cantueso.
Es un pueblo orgulloso, una historia olvidada; es la creatividad discreta, la tranquilidad palpitante de vida.
Es como chistera de prestidigitador, siempre capaz de sorprendernos: salen de ella alfombras, cencerros, un manjar; en ella caben el humor, la paciencia, la delicadeza ... y tanta sagacidad, y tan bien trabajada, que todos, amantes e incautos, quedan presos en las mallas de una filosofía durmiente no exenta de riesgos.
Es una red de sutiles nudos que se va alargando y hace cada vez más difícil la despedida. Para quienes por aquí han pasado, para los que aquí viven, es tanto lo que se dejó atrás y tanto lo que no fue vivido...
Nostalgia sin pena, sentimiento que trae cada día un secreto sabor, la sensación embriagadora de que muy cerca de nosotros es posible reencontrar el paraíso perdido.
A la vista de todos, el Alentejo es un cofre bien cerrado y la llave que lo abre está en el corazón.