Alentejo

Saboree


El néctar de los Dioses

En el Alentejo se come y se bebe muy bien. Comer, beber y picar son rituales, formas de convivir, de recibir, de celebrar. Se suele decir que en la casa de un verdadero alentejano, tenga mucho o tenga poco, la mesa está siempre servida. Es verdad. Y esta realidad concede un sabor muy especial al descubrimiento de la gastronomía y de los vinos. Son productos de reconocida valía turística, pero no fue el turismo el que los creó para consumo externo: forman parte, y una parte feliz, del día a día más auténtico de la región. En este marco, nuestra invitación sólo puede ser una: ¡sea alentejano por unos días!

En el Alentejo no se escatiman honores a Baco. Los vinos son ya un emblema de la región. Existen más de 250 productores, con un área de cultivo del orden de las 22.000 hectáreas.

Encontrará dos tipos de vinos, blancos y tintos: vino regional alentejano, que se produce en toda la región, y el vino DOC - Alentejo, producido en las ocho regiones definidas como aptas para la producción de vinos con Denominación de Origen Controlada: Portalegre, Borba, Redondo, Reguengos, Vidigueira, Évora, Granja/Amareleja y Moura.

El vino reserva, considerado el más alto de la gama, puede provenir tanto de vinos regionales como de vinos DOC.

Los vinos producidos en la parte norte del Alentejo Litoral —Grândola, Alcácer do Sal, Santiago de Cacém y Sines— pertenecen a la Región Vitivinícola de Setúbal. No se extrañe, entonces, si ve en la etiqueta la denominación "Vino Regional - Terras do Sado”.

El sello DOC es una garantía de calidad. Pero también es justo decir que, entre los vinos del Alentejo, existe también elevada calidad sin sello DOC. 

Su tipicidad procede de varios factores: la combinación perfecta entre las variedades utilizadas y los diferentes tipos de suelos existentes (graníticos en Portalegre, calcáreos cristalinos en Borba, mediterráneos pardos y rojos en Évora, Granja-Amareleja y Moura, de pizarra en Redondo, Reguengos y Vidigueira); las miles de horas de exposición solar de las que se beneficia todo el Alentejo; la disciplina de los viticultores que pronto aprendieron que el buen vino comienza a hacerse en la viña y, finalmente, la capacidad que los enólogos, asociando la tradición y la modernidad, se han revelado en el arte de hacer el vino.

Los vinos blancos son aromáticos, frescos, harmoniosos y, a veces, complejos, fruto de la asociación de variedades. Los tintos, de color rubí o granada, tienen aromas intensos a frutos rojos bien maduros, son suaves, ligeramente astringentes, equilibrados y con cuerpo. Aunque ganen en complejidad con la edad, pueden beberse muy jóvenes.

El gran secreto para su pleno disfrute está en saber realizar la elección adecuada: qué vino beber como aperitivo, con un buen queso o a lo largo de una comida; e, inversamente, siendo el vino la primera decisión, qué manjar lo debe acompañar.

En el Alentejo, hay muchas formas de aprenderlo: en los buenos restaurantes, entregándose en manos de quien sabe aconsejar; en las visitas a bodegas, durante las catas de vinos acompañadas por enólogos dispuestos a explicarle todo lo que quiera saber; en los enoturismos que, apostando por el arte del buen recibir, organizan interesantes actividades alrededor del vino; y, finalmente, en algunas unidades de alojamiento, que tienen en la gastronomía gourmet, obviamente indisociable de los néctares que la riegan, su principal imagen de marca.

La Asociación Ruta de los Vinos del Alentejo (www.vinhosdoalentejo.pt), entidad a la que deberá recurrir para la concertación de visitas a bodegas y catas de vinos, le sugiere varios recorridos, organizados en tres rutas. En la Ruta de S. Mamede puede visitar productores en Portalegre, Benavila (Avis), Casa Branca (Sousel), Monforte y Campo Maior; en la Ruta histórica, en Montemor-o-Novo, Évora, Azaruja, S. Sebastião da Giesteira, Arraiolos, Igrejinha, Estremoz, Arcos, Glória, Borba, Rio de Moinhos, Terrugem, Juromenha, Redondo, Aldeias de Montoito, Monsaraz, Reguengos de Monsaraz, Vendinha y Vera Cruz de Portel; en la Ruta del Guadiana, en Cuba, Vidigueira, Marmelar, Moura, Granja, Ferreira do Alentejo, S. Brissos (Beja), Albernoa y Trindade. Sea cual sea su elección, verá cómo el tema del vino puede ser una excelente guía de descubrimiento de la región.

Como complemento, le dejamos algunas propuestas.

Una es que vaya a Borba, si es posible en noviembre, cuando se realiza la Fiesta de la viña y del vino. En el centro histórico existen varias "tasquitas” de productores locales, algunas con enormes cántaros de barro, donde antes se hacía el vino. Durante la fiesta son objeto de una ruta especial, acompañada por la Cofradía de Enófilos del Alentejo.

Otra es que, en diciembre, visite Cabeção y Vila de Frades, cuando la degustación del vino nuevo del productor es motivo de fiesta. En Vila de Frades, en el marco del evento Vitifrades, se celebra un concurso de vinos de talha (2º fin de semana de diciembre). Tanto en este pueblo como en otros dos muy próximos, Vila Alva y Vila Ruiva, este vino aún se produce con métodos muy parecidos a los utilizados por los romanos.

La última, no deje de visitar la Enoteca y el Museo del Vino de Redondo. Comience en el museo, que tiene la ventaja de estar instalado en la oficina de turismo, dé un paseo por la sierra d’Ossa, regálese una suculenta comida y pase la tarde en el pueblo. Visite las alfarerías y los talleres de mobiliario rústico pintado, camine por la Historia en la minúscula cerca medieval y, al final del día, tómese unas tapas en el agradable espacio de la Enoteca. Si hay espectáculo en el Centro Cultural, también podrá disfrutar de música en vivo más entrada la noche.

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