Alentejo
Esperimente
Es el espacio abierto que parece no tener fin. Son los colores y los olores que brotan de la tierra. Es el inconfundible trazo de la arquitectura rural, presente en los "montes” de las grandes haciendas, en el caserío más antiguo de las ciudades, pueblos y aldeas o en las ermitas que pintan de blanco la cumbre de los cerros. Es lo que se lee en las formas de ser y de hacer, en las artes que se conservan y se renuevan, en la tradición que se mantiene y se recrea, en el "cante” que, con alma y corazón, sólo los alentejanos saben cantar.
Pero la ruralidad del Alentejo del s. XXI no se agota en las "cosas del campo”. Por las vicisitudes, no siempre positivas, de su historia, esta región conservó lo que hoy le confiere un valor lleno de futuro: la pequeña dimensión y la calidad de los ambientes urbanos, la escala humana, el silencio, la paz, la libertad y el aire limpio que se respira. Y el tiempo. Una forma tan peculiar de entender el tiempo, que nos hace sentir en la piel que, al final, es posible vivirlo en este mundo vertiginoso, dejándolo ser exactamente lo que es: el más precioso de nuestros bienes.
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La artesanía del Alentejo se encuentra en fase de cambio. Pasados son los tiempos en los que sólo se identificaba con las caras arrugadas de los viejos maestros que trabajaban el barro, el hierro, el estaño, la madera, el corcho, el mimbre, el cuero, las pieles o el cuerno, y con las manos hábiles de las mujeres que pintaban la loza de diario, hacían encajes y bordados o pasaban interminables horas alrededor de los telares. La tradición pasó de padres a hijos, pero los maestros se convirtieron en profesores de públicos más amplios. Y así comenzó a surgir una nueva generación de artesanos, que apuesta por lo que tiene demanda, dejando al resto el lugar que siempre se reserva a lo que vale pero no se usa: el museo. Entre las artes que están conquistando el derecho al futuro, destacamos aquí sólo tres expresiones: la alfarería y pintura, los trabajos en piel y cuero y los textiles. Están ligadas a centros de producción/creación muy definidos, que hicieron escuela, pueden visitarse y tienen siempre productos a la venta: en los propios talleres y en las tiendas de artesanía de la región. Comience por ir a las oficinas de turismo, donde se exponen excelentes colecciones, e infórmese de dónde puede ver trabajar a los artesanos y hacer sus compras. |
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Alfarería y pintura La alfarería pedrada de Nisa es única en el Alentejo. Una vez moldeadas las piezas de barro rojo, se decoran con diseños donde se incrustan pequeñísimas piedras de cuarzo recogidas en la sierra de S. Miguel. En Nisa, visite también el Museuo del bordado y de la Alfarería. En Estremoz destaca su famoso trabajo en barro. La mejor forma de conocerlo es visitar el Museo Municipal Prof. Joaquim Vermelho, que exhibe una notable colección de obras populares de los siglos XVIII y XIX. Los temas de la tradición aún hoy continúan inspirando a los artesanos de la ciudad. Los santos de nicho y los belenes son las obras más conocidas y más buscadas, en particular por los coleccionistas. Los belenes incluyen figuras religiosas y profanas y, algunas de estas últimas, ya se crean y venden por separado. Pero hay otros temas recurrentes: los silbatos y los "ruiseñores”; las agujas de calceta, encaje o punto; los "napoleones”, soldados vestidos con el uniforme de las invasiones francesas; los "negros” de faldas rojas; las "primaveras”, figuras de mujer vestidas de bailarinas con un arco de rosas de hombro a hombro y un sombrero adornado con lacitos y flores; y, cargada de simbolismo, la metáfora "El amor es ciego”, figura de mujer con los ojos vendados. En lo que respecta a la alfarería utilitaria y decorativa, aunque haya producción en varios lugares, son tres los grandes nombres de referencia: Redondo, Viana do Alentejo (actualmente con menor expresión) y S. Pedro do Corval, el mayor centro alfarero de la Península Ibérica. Cántaros, tinajas, vasos, jarras, platos de todos los tamaños y formas, tazas, soportes para velas, piezas decorativas para jardines, se encuentra de todo en estos simpáticos lugares que merecen una visita por esta y otras razones. Las alfarerías están todas abiertas al público, lo que permite seguir el proceso de creación desde el moldeado de la pieza al secado, cocción en el horno y decoración final.
En Terrugem, junto a Elvas, y en Nossa Senhora de Machede, en la zona de Évora, existen fábricas de curtimbre que, a pesar de alguna mecanización, conservan una atmósfera verdaderamente medieval. Vale la pena visitarlas contactar en vivo con las "vueltas” que da la piel antes de llegar a las manos de quien la transforma y produce la obra final. Además de estos dos lugares, se encuentran excelentes artesanos de la piel y del cuero en Alter do Chão, en Cuba (calzado), en Almodôvar (calzado) y en Alcácer do Sal.
Las alfombras de Arraiolos, bordadas a lo largo de siglos, han llegado hasta nosotros gracias a la labor, ingenio y arte de varias generaciones de bordadoras que, aún hoy, muchas veces sentadas a la puerta de sus casas, continúan creando, punto a punto, los diseños de la tradición. Hasta donde se sabe, todo comenzó en el siglo XV cuando, por orden de D. Manuel I, varias familias moriscas fueron expulsas de Lisboa. A camino entre el norte de África y el sur de España, algunas se establecieron en Arraiolos. Ante la buena acogida local, los artesanos de estos grupos, disfrazados de nuevos cristianos, comenzaron a dedicarse a la manufactura de tapicerías. Y así nacieron las alfombras de Arraiolos, que, hasta nuestros días, han conocido tres épocas, a las que corresponden distintas composiciones decorativas. Arraiolos continúa siendo la capital de este arte que, en el mes de junio, tiene un momento culminante de revelación en el evento "O Tapete está na Rua” (La alfombra está en la calle). Sus tiendas son, muchas veces, lugares de trabajo que se pueden visitar todo el año y vale la pena asistir en directo a la maestría de las bordadoras. También vale la pena subir a su castillo, el único circular de todo el Alentejo, caminar por las calles estrechas que irrumpen entre el caserío tradicional, entrar en la Iglesia de la Misericordia con la nave repleta de azulejos historiados alusivos a las obras de misericordia y, como no podía ser de otra forma, probar sus suculentos pasteles de tocino.
En las oficinas de turismo encontrará información siempre actualizada sobre las muchas muestras y ferias de artesanía que se van realizando a lo largo del año. |





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