Alentejo
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En el Alentejo se viaja naturalmente con y por la Historia. La abundancia y la calidad del patrimonio que la representan hacen sencillo su descubrimiento, pero quien visita la región por primera vez puede encontrarse con algunos problemas de elección. Si este es su caso, no lo dude: opte por nuestras sugerencias y verá que la magia del Alentejo se encuentra, con un infinito placer, en todas partes.
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Todo empieza, una vez más, en los tiempos de la Reconquista, cuando reyes y órdenes militares religiosas unen sus esfuerzos para poner fin a la ocupación de los "infieles”. Desde los inicios de la nación lusa hasta el s. XIX, primero por el apoyo militar, después por la no siempre pacífica misión de civilizar, evangelizar, educar y, en los tiempos negros de la Inquisición, de defender la ortodoxia católica, el clero, regular y secular, desempeñó un papel relevante en Portugal. El Alentejo no fue una excepción, al contrario. No es casualidad que gran parte de su patrimonio sea de naturaleza religiosa y que, durante siglos, la iglesia y las órdenes religiosas fuesen las mayores latifundistas de la región. En el s. XIX, se dio un gran vuelco en la historia: se disolvieron, por decreto, las órdenes religiosas en Portugal y sus bienes o quedaron en manos del Estado o fueron vendidos en subasta pública a algunas adineradas familias de la época. En lo que respecta a los conventos, el problema no tardó en aparecer: ¿qué hacer con estos edificios, muchos de ellos con gran valor patrimonial, ahora sin a su original función? |
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Dos de las respuestas dadas son muy interesantes para quien visita el Alentejo. Unos fueron adaptados a museos, como el Convento de S. Domingos en Montemor-o-Novo, el Convento de N.ª S.ª de la Concepción em Beja, y el Convento de San Francisco en Mértola. Otros fueron transformados en unidades hoteleras, inicialmente estatales —las Pousadas—, experiencia que, a partir de finales del s. XX, sirvió de inspiración a la iniciativa privada. Esta historia permite que hoy, en el Alentejo, sea posible vivir por dentro ambientes cuidadamente conventuales. Los ejemplos son muchos: en Crato, el Monasterio de Flor da Rosa; en Redondo, el Convento de San Pablo; en Arraiolos, el Convento de Nuestra Señora de la Asunción; en Évora, los conventos de Lóios y de Espinheiro; en Vila Viçosa, el Convento de Chagas; en Beja, el Convento de San Francisco. Por el cuidado puesto en su recuperación, todos son visitas que no se debe perder. |





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